Tejedores de Palmas


Domingo de Ramos, 5 de Abril 2020. Desde mi claustro de Correspondencia 10.



Entrega 1.
               Domingo de Ramos: lo más bello, era acercarse a las gradas de la catedral de Xalapa, y ahí increíblemente bellas y bellos se reunían los tejedores de palmas, venían de bien lejos, algunos desde los pueblos cercanos a Orizaba. No te imaginas como sus hábiles dedos, al trenzar las palmas, eran capaces de elaborar las cruces que nos recordaban la pasión del señor. Sólo Palmas y cruces, no había otra figura. Mi abuelita Sarita, sólo compraba una, y esa, vieras como le rendía. No había tormenta en Xalapa, de esas que ustedes nunca han visto, desde el corredor de mi abuela se veían miles de relámpagos, uno detrás de otro, y con el consiguiente estruendo que hacía que el alma se sobrecogiera. A la prima Elvis y a mí nos parecía el fin del mundo.  Aún recuerdo esos miedos, cuando el cielo, literalmente  nos caía encima. Entonces mi abuela cerraba todas las puertas del corredor, iba por su palma bendita, y la quemaba en el brasero, al mismo tiempo que rezaba la Magnífica: Y entonces … con el olor a petate quemado, se exorcizaba a cualquier aire maligno y poco a poco volvía la calma.

Estas fotos de tejedores del norte de Veracruz  las saqué de Google:



   


            Y nos íbamos a Tepotzotlán (la casa se compró en 1962) y ahí nos tocaban ceremonias impresionantes.

            Un viernes santo, después de comer, le dije a mi mamá: “Y si nos vamos de una vez al viacrucis, así ya no tendremos que ir en la tarde”, y así llegamos a la parroquia. ES LA CEREMONIA MAS IMPRESIONANTE QUE AÚN GUARDO EN MI MEMORIA: eran las tres de la  tarde cuando llegamos: El cura con el Santo Entierro cargando con otros ayudantes, recorría el atrio gritando: “Nosotros te crucificamos”, “Moriste por nuestros pecados”; “Perdón, perdón” respondía la concurrencia, y seguía el vía crucis. La población entera (en ese entonces la mayor parte campesina), iba descalza y en sus cabezas llevaban una corona de espinas. Las mujeres con rebozos y vestidas de negro. Fue verdaderamente emotivo. NUNCA MÁS ME PARÉ EL VIERNES SANTO EN LA PARROQUIA DE TEPOTZOTLÁN. Aún tengo presente esa procesión.

            Pero no dejo de amar a los tejedores de palma, en la semana anterior a Semana Santa, siempre me acerco al templo de Nuestra Señora de la Soledad, en plena Merced a verlos  llegar de todas partes de la república, principalmente de Veracruz, Guerrero y Michoacán, ahí duermen porque son los mayoristas con  quienes se surtirán los vendedores del siguiente domingo. Llegan familias enteras con sus zarapes y sus grandes palmas. Y el viernes por ser el de Dolores, participan en la gran procesión de Nuestra Señora en la advocación de La Soledad. Es tan emotiva, que puedes sentir en tu piel el dolor de una madre.

             El ambiente despide un bello olor a manzanilla y flores  y  que perfuman el aire. Y tejen, y tejen, y tejen esas manos pródigas para que las palmas reciban al Nazareno triunfante en todos los templos de la Ciudad.  ¿Y ahora … quién les comprará?

Estas fotos yo las tomé:
 







 

 




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