Tejedores de Palmas
Domingo
de Ramos: lo más bello, era acercarse a las gradas de la catedral de Xalapa, y
ahí increíblemente bellas y bellos se reunían los tejedores de palmas, venían de
bien lejos, algunos desde los pueblos cercanos a Orizaba. No te imaginas como
sus hábiles dedos, al trenzar las palmas, eran capaces de elaborar las cruces
que nos recordaban la pasión del señor. Sólo Palmas y cruces, no había otra
figura. Mi abuelita Sarita, sólo compraba una, y esa, vieras como le rendía. No
había tormenta en Xalapa, de esas que ustedes nunca han visto, desde el
corredor de mi abuela se veían miles de relámpagos, uno detrás de otro, y con
el consiguiente estruendo que hacía que el alma se sobrecogiera. A la prima
Elvis y a mí nos parecía el fin del mundo.
Aún recuerdo esos miedos, cuando el cielo, literalmente nos caía encima. Entonces mi abuela cerraba
todas las puertas del corredor, iba por su palma bendita, y la quemaba en el
brasero, al mismo tiempo que rezaba la Magnífica: Y entonces … con el olor a
petate quemado, se exorcizaba a cualquier aire maligno y poco a poco volvía la
calma.
Estas fotos de tejedores del norte de Veracruz las saqué de Google:
Y
nos íbamos a Tepotzotlán (la casa se compró en 1962) y ahí nos tocaban
ceremonias impresionantes.
Un
viernes santo, después de comer, le dije a mi mamá: “Y si nos vamos de una vez
al viacrucis, así ya no tendremos que ir en la tarde”, y así llegamos a la
parroquia. ES LA CEREMONIA MAS IMPRESIONANTE QUE AÚN GUARDO EN MI MEMORIA: eran
las tres de la tarde cuando llegamos: El
cura con el Santo Entierro cargando con otros ayudantes, recorría el atrio
gritando: “Nosotros te crucificamos”, “Moriste por nuestros pecados”; “Perdón,
perdón” respondía la concurrencia, y seguía el vía crucis. La población entera
(en ese entonces la mayor parte campesina), iba descalza y en sus cabezas
llevaban una corona de espinas. Las mujeres con rebozos y vestidas de negro.
Fue verdaderamente emotivo. NUNCA MÁS ME PARÉ EL VIERNES SANTO EN LA PARROQUIA
DE TEPOTZOTLÁN. Aún tengo presente esa procesión.
Pero
no dejo de amar a los tejedores de palma, en la semana anterior a Semana Santa,
siempre me acerco al templo de Nuestra Señora de la Soledad, en plena Merced a
verlos llegar de todas partes de la
república, principalmente de Veracruz, Guerrero y Michoacán, ahí duermen porque
son los mayoristas con quienes se
surtirán los vendedores del siguiente domingo. Llegan familias enteras con sus zarapes
y sus grandes palmas. Y el viernes por ser el de Dolores, participan en la gran
procesión de Nuestra Señora en la advocación de La Soledad. Es tan emotiva, que
puedes sentir en tu piel el dolor de una madre.
El ambiente despide un bello olor a manzanilla
y flores y que perfuman el aire. Y tejen, y tejen, y
tejen esas manos pródigas para que las palmas reciban al Nazareno triunfante en
todos los templos de la Ciudad. ¿Y ahora
… quién les comprará?
Estas fotos yo las tomé:









Comentarios
Publicar un comentario